“Somos sobrevivientes victoriosos…del genocidio de las Caucherías”

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Durante la visita del Príncipe Carlos al país los pueblos amazónicos reunidos en la Plaza de Bolívar, manifestaron que el gobierno británico financió la empresa genocida: Casa Arana, y sin embargo no reconoce su responsabilidad ni ha pedido perdón por el exterminio de más de 70.000 indígenas.

Si se pudieran definir los hechos ocurridos durante el periodo del caucho que dejo un genocidio de unos 70.000 indígenas amazónicos, los dirigentes y nietos de las víctimas en la Amazonía, y parte de la Orinoquía, si bien no lo dicen con palabras taxativas, lo expresan con su memoria como un carnaval de la barbarie y la ignominia.

Por ello un destacado grupo de sabedores, líderes y jóvenes, algunos venidos desde la gran selva de la Amazonía, convocó una manifestación a la Plaza de Bolívar para exigir perdón, pero sobre todo para decirles a los gobiernos de Perú, Colombia e Inglaterra que hay una deuda histórica, que hay heridas muy hondas y se requieren acciones concretas para evitar que la historia de horror se repita para los pueblos de la Amazonía, considerados como los hijos del tabaco, la coca y la yuca dulce.

Estamos aquí para reclamar nuestros derechos y manifestar una tristeza muy honda que tenemos a raíz de lo ocurrido durante las caucherías hace mucho tiempo; allí perdimos muchos de nuestros abuelos y sabedores porque en esa entonces las mujeres, los niños y jóvenes que no rendían con la cuota establecida de recolección lo torturaban y lo mataban. Hubo muchos crímenes y maltrato, un gran derramamiento de sangre y eso nos duele mucho… Nosotros como retoños que quedamos de ellos nos duele mucho y manifestamos aquí, no tenemos odio, al contrario le manifestamos amistad y nuestros amor a los blancos, pero necesitamos su mensaje de perdón que nos deben brindar, es la voz grave pero convincente del abuelo y cacique Uitoto Cantalicio Heimenekene, cuyo nombre en lengua traduce; “hijo de la yerba de la sabiduría”, quien es también autoridad del baile tradicional. 

Tuvieron que pasar 100 años para que el país, una sociedad ajena a los potenciales y dolores de su pueblo, empezara a conocer su historia con los más atroces reveces de la violencia. Por ello estamos aquí, expresa Fanny Kuiru, destacada líder Uitoto, “este es un llamado a nuestra sociedad y al gobierno, porque estamos acostumbrados a no tener memoria frente a los hechos de barbarie que se cometen a lo largo de la historia; para el caso nuestro los pueblos de La Chorrera (Uitoto, Bora, Muinane, entre otros) los hechos de la caucherías significó la muerte cultural, física y devastación de recursos naturales y medioambiente”, indicó durante el acto de protesta pacífica el pasado 30 de octubre.

En el mismo sentido el dirigente Edwin Teteye, del pueblo Bora del Amazonas, señaló que “con la visita del príncipe Carlos, queremos manifestarle y recordarle al gobierno británico que hace 100 años sucedió en La Chorrera, en la Casa Arana, un genocidio en el cual más de 40 mil indígenas, nuestros abuelos, fueron masacrados, y pareciera que al gobierno colombiano y al inglés eso no les parece gran cosa, por ello exigimos -100 años después- que miren al Amazonas y a La Chorrera, pues somos pueblos en reconstrucción social. Hoy el pueblo colombiano habla de reparar víctimas y, cuándo van a reparar las víctimas de las masacres de aquella época”.

El propósito de la manifestación fue recordarles a los gobiernos de Colombia, Perú y Gran Bretaña que reconozcan su responsabilidad moral, política y económica; que no vasta enviar mensajes de perdón como el que enviaron los gobiernos de Juan M. Santos y el del Perú en el año 2012 cuando los pueblos amazónicos conmemoraron el centenario cauchero. “No se trata de mandar palabras al viento, no vasta pedir perdón, hay que hacer seguimiento para que la historia no se repita”, expresa Fanny Kuiru, quien recuerda la forma brutal en que capataces al servicio de la explotación cauchera no les vasto ‘asesinar niños de forma brutal estrellando sus cráneos contra los árboles y separarlos de sus padres, sino que también arrasaron con la selva donde teníamos la comida’.   

La gran exigencia para la reconciliación es que el gobierno colombiano mueva un mínimo esfuerzo para que el etnocidio conocido como la época del Caucho no quede impune y haya esclarecimiento de la verdad, haya justicia real y reparación expedita para los pueblos indígenas amazónicos “hay que sentarnos a conversar como personas sobre la realidad nuestra y, cómo salir adelante de manera conjunta, que los gobiernos de los tres países mencionados reparen el daño y nosotros quedemos tranquilos”, concluyó Edwin Teteye.También hubo amplia manifestación de apoyo desde otras regiones del país como Vichada; “Desde orillas del río Orinoco los acompañamos, Vichada también aportó sangre, lágrimas y sufrimiento sacando caucho -siringa pa’ los ingleses”, expresó Luis Ángel Trujillo. “Desde la Universidad de la Amazonía apoyamos esta protesta por nuestros abuelos y abuelas muertos y por los muchos otros daños que causaron en nuestros pueblos amazónicos”, escribió en un sentido mensaje el Cabildo Indígena Estudiantil Uniamazonia. “Me llena de esperanza ver las mujeres amazónicas demostrando su presencia reivindicando su historia pasada y presente”, concluyó Carmen Helena Fuentes.

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En 1907 la Casa Arana se convirtió en la compañía inglesa: The Peruvian Amazon Company, cuya casa matriz era Londres y fue avalada precisamente por el gobierno Británico, para tratar de zanjar el conflicto colombo-peruano y evitar el litigio territorial que podía generar el alegato de Colombia con títulos innegables de posesión. Julio Cesar Arana, principal verdugo de los indígenas, pues fue el representante legal de la Casa Arana, murió como buen tirano abandonado a la soledad, como si el peso de los hechos cobraran al menos una migaja de justicia: “Una vez perdió su poder, Arana, su vida empieza a desaparecer de los libros de historia, tras el derrumbe del caucho y el fin de los escándalos del Putumayo”, señala el escritor argentino Ovidio Lagos en su libro el Rey del Caucho.

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